Entrevista a Ruben Aguirre
El gran profesor
Dueño de una sencillez más grande que su metro 95 centímetros de estatura, Rubén Fuentes Aguirre recuerda cómo, un niño feliz, un joven enamorado y un ejecutivo novato, se transformaron para siempre en el Profesor Jirafales.
De visita en el puerto como parte de su gira de despedida, recibe a los niños mazatlecos en su circo, arma su propia escuelita y arranca las mismas sonrisas que le regalaron durante 30 años en el programa más exitoso de la televisión mexicana: El Chavo del 8.
Cerca del mar y superando los inconvenientes que le ponen sus 75 años, Fuentes Aguirre deja de leer una novela histórica, se convierte en el Profesor Jirafales y cuenta una vida que al final parece un libreto escrito por su amigo, Roberto Gómez Bolaños, Chespirito.
Una niñez feliz
"Casi, casi me tocó Lázaro Cárdenas", comienza entre risas su historia.
Con esa frase, Fuentes Aguirre se remonta a Saltillo, Coahuila, un 15 de junio 1935, cuando nació, en tiempos en que el General Lázaro Cárdenas era Presidente de México.
Hijo de un funcionario del Registro Civil y de una profesora, y hermano de cinco, a los que llama decentes porque no trabajan en el espectáculo, Jirafales recuerda una niñez tranquila y feliz.
"No éramos ricos, no éramos pobres, teníamos algunas penurias, pero nunca faltó el alimento, la ropa".
Cambios en el trabajo de su padre lo llevaron a Torreón, donde estudió la primaria y la secundaria, y desde donde se trasladó a Ciudad Juárez a cursar sus estudios de Agronomía.
"Fui a Ciudad Juárez, Chihuahua, a la escuela de los hermanos Escobar, muy afamada en aquel tiempo".
Fue en una todavía tranquila Ciudad Juárez, donde intentó ser torero, pero dos cornadas en las piernas lo retiraron del ruedo.
Después trabajó los fines de semana como jardinero en El Paso, Texas.
"Era tan fácil cruzar la frontera en aquel tiempo, era tan fácil como esto, te ponías una chamarra de la escuela, y como el gringo sabía que eras estudiante, te dejaba pasar".
Pero fue una tarde, junto a sus compañeros estudiantes, cuando al escuchar un programa de radio lanzó una fanfarronada que marcaría su destino.
"Cosas de la vida, escuchábamos un noticiero, pero era tan malo que me aventé la baladronada de decir 'yo lo haría mejor que él'".
La cosa no quedó ahí, un día que pasaban frente a una radiodifusora, sus amigos le recordaron su bravata y Fuentes Aguirre aceptó el reto y entró a la radio donde pasó una prueba como locutor, pero no pudo trabajar como tal porque no tenía licencia.
El gran viaje
Decidido a conseguir su licencia como locutor, el joven Fuentes Aguirre realizó el viaje desde Ciudad Juárez hasta la Ciudad de México, y como buen estudiante se fue de raite.
"Uno de los raites que agarré fue en un camión cargado de cartones de cerveza hasta el copete, iba acostado sobre los cartones y metiendo los dedos entre las cajas para no caerme, y en las curvas, ¡híjole!, ah cómo sufrí", recuerda.
En México consiguió su licencia de locutor y regresó a Juárez, donde le dieron un puesto en la radio que le permitió terminar su carrera como Ingeniero Agrónomo.
Después de un año de trabajar a cargo de un rancho y cuando después de la cosecha le hicieron cuentas "mochas" y no le dieron el pago que le habían prometido, recorda que era locutor y regresa a la radio donde su voz le tenía trabajo seguro, y donde se casa en 1960.
Su familia lo jaló a Saltillo a una estación de radio y de ahí lo promovieron a Monterrey, donde trabajaba Chespirito, un joven que comenzaba a crear programas cómicos.
De ejecutivo a comediante
Luego de una década de radio, al final de los años 60, Fuentes Aguirre llega a la televisión y de locutor comienza a tener breves apariciones en Sábados de la fortuna, a pesar de que era ejecutivo en el canal.
Un día le llamaron para darle a escoger entre su puesto y unos pastelazos en la cara, él eligió su destino.
"Me llaman y me dicen: 'no se ve bien que a un ejecutivo de nuestra empresa le den un pastelazo en la cara, decídase: aquí o allá', lo consulté con Chespirito y les dije que allá".
Dentro de Sábados de la fortuna, Chespirito creó unos pequeños sketches que se llamaban Chespirotadas, acompañado del Profesor Jirafales y Don Ramón, después se integraría María Antonieta de las Nieves.
Los chispazos humorísticos tuvieron tanto éxito que les dieron su propio espacio, ahí nacerían los Supergenios de la mesa cuadrada, que exitosos también se convirtieron en su propio programa.
"Nos dimos cuenta que los Supergenios de 5 minutos eran un exitazo, pero en una hora eran un plomo, así que Chespirito creó El Chapulín Colorado".
El Chapulín tuvo tal éxito que rápidamente conquistó su propio espacio, y la necesidad de reforzarlo hizo que Chespirito creara el Chavo del 8, a donde llegaría Carlos Villagrán, sugerido por el Profesor Jirafales.
"Estábamos en un fiesta y Chespirito pidió que cada quien hiciera un número, yo me puse en las piernas a Carlos Villagrán como si fuera un muñeco de ventrílocuo, a Chespirito le encantó y lo invitó al programa", relata.
La década de los 70 vio nacer a El Chavo, y aunque Fuentes Aguirre se fue un año al Canal 2, se reintegraría en 1973 y daría vida al Profesor Jirafales durante casi 30 años, hasta el último capítulo, en 1992.
Los siguientes tres años, El Profesor Jirafales se convirtió en Lucas, en el programa de Los Chifladitos, el personaje que más le costaba trabajo y el que recuerda con más nostalgia... después tendría que caminar solo por el mundo.
Caminando solo
Amigo de todos y enemigo de los pleitos, Fuentes Aguirre asegura que él siempre se mantuvo lejos de las polémicas, pleitos y separaciones de los actores que participaban en El Chavo del 8.
Sólo Édgar Vivar y él estuvieron en el funeral de Don Ramón, en 1988, y todavía le duele no haber acompañado a la familia del Chato Padilla, después de su muerte, porque en ese tiempo recorría Argentina, presentando su espectáculo durante cinco años.
Ninguno de los actores que se hizo famoso en El Chavo del 8 pudo desligarse jamás de su personaje y El Profesor Jirafales no fue la excepción, ni tampoco ganaban tanto dinero como todos pensarían.
"No, qué esperanzas, empezamos a ganar algo de dinero con las giras", explica.
En Argentina no sólo compró su primer auto en una agencia, también fue donde un médico le inyectó cortisona para superar una artritis, provocándole el sobrepeso que aún no puede vencer.
La salida de Quico marcó al grupo para siempre.
"Cuando ganamos mucha fama fue en el 78 y a Quico le ofrecieron un dineral para irse a Venezuela, haz de cuenta que ganas mil 500 pesos a la semana y te ofrecen 10 mil dólares".
Cree que los pleitos entre La Chilindrina y Quico con Chespirito tienen que ver más con una actitud, que con algo legal.
"Mira, si Quico y La Chilindrina le hubieran pedido permiso para usar el personaje, supongo que se los hubiera permitido, yo se lo pedí y me dijo: 'úsalo'".
Al accidente que le ocurrió cerca de Mazatlán, en diciembre de 2007, no le dedica mucho tiempo, es un hombre feliz al que todos los días le piden fotos y abrazos, y siempre tiene tiempo para darlos.
En su gira de despedida por el país, El Profesor Jirafales se muestra con el mismo humor del programa, blanco y sano, y con el ta... ta... ta... que tomó de uno de sus profesores de infancia y que todavía resuena en millones de personas que lo recuerdan como un gran profesor.









