¿Qué pasó en la misa de Chespirito?

El reportero Gustavo A Infante narra lo que ocurrió durante la misa a Chespirito el pasado 28 de noviembre del 2015.

Gustavo A Infante narra lo sucedido la tarde del sábado 28 de noviembre del 2015, durante la misa por el primer aniversario luctuoso de Roberto Gómez Bolaños; compartimos sus palabras:

¿Qué pasó en la misa de Chespirito?

No acostumbro justificar mi trabajo, pero en esta ocasión les voy a platicar qué pasó el sábado en el Panteón Francés en la misa por el primer aniversario luctuoso de Roberto Gómez Bolaños, Chespirito. La invitación la hizo su viuda, Florinda Meza, para público, artistas y MEDIOS de CO-MU-NI-CA-CIÓN.

La advertencia es que no iba a dar entrevistas, porque se sentía muy triste. ¿Entonces para qué invita reporteros si no los va a atender? Llegué al panteón alrededor de las 10:45 horas: la cita era al mediodía. Poco a poco fueron llegando los compañeros reporteros y cuando faltaban 15 minutos para las 12:00 tomé la decisión de esperar a la señora a donde se bajaría del automóvil. Varios colegas, minutos después, hicieron lo mismo. NO quiero decir que haya sido idea mía, pero sí fui el primero en hacerlo.

Cuando vi que todos los colegas habían tenido la misma idea que yo, me fui a la entrada del panteón para esperar su arribo y, minutos después, en automóvil blanco, llegó Florinda. Le hice la seña para que se detuviera y lo hizo. Bajó la ventanilla del copiloto, pero no respondió ninguna de las preguntas que le hice, sólo dijo: “Déjame llegar, hay gente a la cual tengo que atender”. Siguió su camino y al bajar del automóvil no dijo una sola palabra, sólo caminaba y los camarógrafos y reporteros se iban empujando y otros más cayendo por lo accidentado del terreno.

Comenzó la misa. Bonita, llena de emociones, de momentos lindos, de recuerdos. La ofició un sacerdote, que era fan de Chespirito, y hubo temas musicales que escribió el mismo Gómez Bolaños.

Al terminar la misa, Florinda, quien en repetidas ocasiones, durante la misma, hizo señas de que no iba a hablar, se dio la vuelta y caminó alejándose de la prensa. En ese instante, este servidor burló la seguridad y le pregunté si ése era el peor día de su vida. La actriz tampoco respondió, sólo dijo que tuvieran cuidado con el padre, que lo iban a tirar, gritó que no se empujaran y que no fueran a destruir la tumba de su Robert.

Se cayó una improvisada mesa que servía como altar y al piso también cayó un Cristo que estaba sobre la mesa. La cruz se rompió o, más bien, se despegó. En ese instante la señora Meza dijo que iba a hablar, que no entendía porqué nos empujábamos, que ella sí quería charlar con los medios.

¿Sí quería charlas con los medios?, entonces, ¿por qué entre su chofer, sus secretarias, algunos amigos y los policías del panteón se oponían a que nos acercáramos a la intérprete de la Chimoltrufia?

Nunca lo entendí.

Comprendo el profundo dolor de la señora Florinda Meza, lo entiendo a la perfección: debe ser tremendo perder al compañero de tu vida, pero lo que no entiendo es, si ella no quería hablar con los medios, para qué los invitó. ¿No hubiera sido más cómodo para alguien que no deseaba convivir con los medios hacer su misa privada?

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